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Una cuestión meramente evolutiva
Nuestro cerebro es el producto de la evolución y no ha cambiado desde que el primer “Homo sapiens” moderno pobló la tierra hace unos 50.000 años. Es de suponer que aquel cerebro y sus facultades respondían, según la teoría de la selección natural, a ciertas demandas del entorno, y que las diferencias de sexo se debían a la división de trabajo en esos tiempos remotos. La sociedad de entonces era una sociedad de cazadores-recolectores. El hombre se dedicaba a la caza mientras que la mujer recolectaba alimentos y cudaba la prole. Podemos considerar esta división de trabajo injusta, pero lo que no podemos hacer es negarla como si no hubiese existido y como si no tuviese ninguna influencia sobre las diferencias de sexo que hoy encontramos.
Francisco J. Rubia, en El sexo del cerebro
Mantener que el hombre y la mujer son iguales en aptitudes, habilidades o conductas es construir una sociedad basada en la mentira biológica y científica.
Anne Moir y David Jessel, en Brain Sex
Sobre el libre albedrío
LA ILUSIÓN DEL LIBRE ALBEDRÍO
Ahora que acabamos de pasar otro fin de año, muchos de ustedes han decidido ser mejores, más sabios, más fuertes y más ricos en los meses y años venideros. Al fin y al cabo, somos seres humanos libres, no esclavos, robots o animales condenados a repetir los mismos errores odiosos una y otra vez. Como escribía William James en 1890, toda la “salsa y la emoción” de la vida provienen de “nuestra idea de que en ella las cosas realmente se deciden de un momento a otro, y que no es el monótono repiqueteo de una cadena que se forjó hace innumerables siglos”. Ya basta, doctor James. Una serie de experimentos realizados durante los últimos años indica que la mente consciente es como un mono cabalgando un tigre de decisiones y acciones subconscientes en progreso, que inventa frenéticamente cuentos de que tiene el control.
En consecuencia, médicos, neurocientíficos e informáticos se han unido a los herederos de Platón y Aristóteles para discutir qué es el libre albedrío, si lo tenemos o no, y qué nos llevó a creer que lo teníamos en primer lugar.
“¿Es una ilusión? Ésa es la cuestión”, dice Michael Silberstein, filósofo de la ciencia del Elizabethtown College de Pensilvania (EE UU). Otro interrogante, añade, es si hablar sobre esto en público avivará las guerras culturales. “Si la gente alucina con la evolución y otras cosas”, escribía en un correo electrónico, “cómo no va a alucinar si los científicos y los filósofos le dicen que no es más que una avanzada máquina de carne; además, ¿esa conclusión está ahora claramente justificada o es prematura?”.